La trampa del “SpaceX en formato ETF”: cuando la liquidez diaria choca con activos que no se pueden vender

La trampa del “SpaceX en formato ETF”: cuando la liquidez diaria choca con activos que no se pueden vender

XOVR prometió acceso minorista a SpaceX con la envoltura cómoda de un ETF. El episodio de febrero de 2026 expuso el problema estructural: el producto ofrece liquidez diaria sobre un activo que, por diseño, no la tiene.

Francisco TorresFrancisco Torres28 de febrero de 20266 min
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La trampa del “SpaceX en formato ETF”: cuando la liquidez diaria choca con activos que no se pueden vender

La historia del ERShares Private-Public Crossover ETF (XOVR) es un caso de manual sobre lo que ocurre cuando un vehículo diseñado para liquidez diaria intenta contener un activo que vive en el extremo opuesto del espectro. La tesis comercial era sencilla: dar exposición a compañías privadas codiciadas —con SpaceX como imán principal— dentro de un ETF, algo accesible para inversores que no pueden entrar a rondas privadas.

En febrero de 2026, esa promesa chocó con la mecánica. Tras fuertes reembolsos, XOVR terminó con una exposición del 44,5% de su patrimonio a un vehículo (SPV) vinculado a SpaceX, superando ampliamente el límite del 15% de activos ilíquidos que marca la SEC en EE. UU. La cifra no se disparó porque el gestor comprara de golpe más SpaceX ese día, sino por el efecto contable-operativo típico de una corrida de salidas: para pagar reembolsos, se venden primero los activos líquidos, y lo que queda pesa más. En este caso, lo que quedó fue demasiado.

La noticia —"The SpaceX ETF is in trouble", en Financial Times— importa menos por el morbo del nombre SpaceX y más por lo que revela: el mercado está intentando meter privados ilíquidos en envoltorios de producto pensados para otra cosa. Y cuando el flujo se da vuelta, el diseño se vuelve el riesgo.

Cómo se fabrica una crisis de liquidez dentro de un ETF

XOVR combina una “pata” de acciones públicas con exposición a privados mediante SPV. En tiempos normales, esa estructura funciona como una narrativa de marketing: el inversor compra una participación del ETF y siente que “tiene SpaceX” en cartera, sin el proceso, la documentación y las restricciones típicas del mercado privado.

El problema aparece cuando el ETF enfrenta reembolsos relevantes. El 25 de febrero de 2026, el fondo sufrió salidas netas aproximadas de 630 millones de dólares. Ante esa presión, el gestor tuvo que convertir en efectivo lo que sí podía vender de inmediato: la cartera pública. Ese movimiento tiene un efecto mecánico directo: el porcentaje relativo del activo ilíquido sube aunque el activo ilíquido no cambie.

Eso es exactamente lo que se observó. La exposición a SpaceX —a través del SPV— venía subiendo desde 2024: rondó el 9% del patrimonio en promedio desde diciembre de 2024, alcanzó 21,5% al 20 de febrero de 2026, y escaló a 44,5% al 26 de febrero. En paralelo, hubo decisiones de asignación que incrementaron el tamaño nominal: una inyección adicional de 128 millones de dólares a finales de diciembre de 2025 y otra de 77 millones el 9 de febrero de 2026.

El resultado fue una combinación peligrosa: un ETF que debe atender liquidez diaria quedó “encerrado” con un bloque enorme en un instrumento que, por su naturaleza, no se deshace a voluntad sin coste. Incluso si el gestor logra vender parte del SPV, hacerlo en un contexto de salidas suele implicar descuentos o fricciones. La crisis no es un evento puntual; es una dinámica: a más salidas, más concentración del ilíquido; a más concentración, más dudas del mercado; y esas dudas retroalimentan nuevas salidas.

SpaceX como gancho, el SPV como fricción y la cartera pública como lastre

El relato de XOVR se apalancó en una escasez real: el acceso a SpaceX es limitado y muchas veces se canaliza vía estructuras intermedias. En la práctica, eso genera demanda por productos que “empaqueten” esa exposición. Cuando el producto es un ETF, además, se suma el atractivo operativo: compra-venta simple, custodia estándar y una percepción de transparencia.

Sin embargo, el desempeño reportado sugiere que el “gancho SpaceX” no se tradujo en resultados para el inversor. Según el briefing, al 20 de febrero de 2026 el ETF registraba un retorno anualizado de -4,6% desde que inició la posición en SpaceX (3 de diciembre de 2024). En el mismo periodo, el Nasdaq 100 avanzó +15,5% anualizado y el S&P 500 +13,0% anualizado. En otras palabras: incluso si SpaceX se valorizaba con fuerza, el conjunto del producto no capturó ese valor.

Aquí hay dos capas de explicación, ambas operativas. La primera es la fricción propia de los SPV: costes, dilución y diferencias entre la valorización “observable” y el valor realizable cuando se necesita liquidez. Morningstar, citado en la cobertura, apunta justamente a que las estructuras utilizadas fueron “tan costosas o dilutivas” que el ETF terminó con “casi nada que mostrar” pese a haber acertado en la dirección de la valoración.

La segunda capa es la cartera pública: el fondo no era un puro “SpaceX proxy”; necesitaba generar rendimiento con su componente público. Pero ese bloque fue el que se vendió para atender reembolsos y además venía con retraso frente a su índice: a diciembre de 2025, su retorno trailing de un año quedaba más de 340 puntos básicos por debajo del benchmark mencionado en el briefing.

El resultado final es una ecuación incómoda para el inversor: la parte que debía aportar liquidez y retorno (acciones públicas) se comportó mal, mientras que la parte que justificaba el producto (SpaceX) aporta narrativa pero no se puede monetizar fácilmente dentro de la dinámica diaria de un ETF.

El problema no es SpaceX, es el descalce entre promesa y arquitectura

Cuando un producto promete exposición a privados dentro de un formato líquido, lo que realmente está vendiendo es una transformación: convertir una inversión ilíquida en una participación negociable. Esa conversión no es gratis. Si el mercado entra en modo “salida”, la liquidez del ETF se parece menos a una propiedad intrínseca y más a una ilusión sostenida por el inventario de activos líquidos.

Por eso el umbral de la SEC del 15% de ilíquidos es más que una regla: es un cinturón de seguridad para evitar que el vehículo deba comportarse como algo que no es. Con un 44,5% en un activo de salida compleja, XOVR queda expuesto a efectos típicos de fondos cerrados: ampliación de spreads, descuentos frente al valor liquidativo y un deterioro de la experiencia del inversor que buscaba precisamente lo contrario.

Hay otro elemento: la gobernanza de expectativas. El 9 de febrero de 2026, ERShares comunicó un “reinicio de transparencia” para que el acceso a SpaceX reflejara “desarrollos observables” y no “efectos estructurales heredados”, además de prometer mejoras de divulgación. También se menciona un episodio previo donde el gestor se expresó de forma imprecisa sobre un supuesto tope de 500 millones y luego aclaró que se refería a detener compras adicionales de privados a ese nivel, límite que terminó superándose.

Sin entrar en intenciones, esto describe un patrón operativo: cuando un producto depende de un activo difícil de valorar y de transaccionar, la comunicación tiene que ser quirúrgica y los límites internos deben estar diseñados para resistir flujos adversos. Si no, el producto se mueve al ritmo del sentimiento del mercado y no al de su mandato.

Lo que este caso adelanta para ETFs con activos privados y para el mercado pre-IPO

El episodio de XOVR no es un accidente aislado; es un síntoma de una tendencia: la demanda de exposición pre-IPO busca un “wrapper” simple, y el ETF es el wrapper más deseado por el inversor minorista. El incentivo comercial es claro. Pero el riesgo también lo es: el día que la exclusividad se diluye —por ejemplo, con una eventual salida a bolsa— el atractivo del SPV pierde fuerza y el producto queda con sus costes y rigideces.

En el corto plazo, el riesgo más obvio es de dinámica de flujos. Si continúan los reembolsos, el gestor puede verse empujado a vender el ilíquido en peores condiciones o a convivir con una concentración que el mercado penaliza mediante descuentos sobre NAV. El briefing señala que ya se vendieron porciones del SPV el 25 de febrero usando reservas de caja, sin lograr evitar la concentración.

En el plano regulatorio, este tipo de eventos suele acelerar conversaciones sobre clasificación de liquidez, metodología de valoración y límites de concentración. La industria puede intentar empujar el perímetro —por ejemplo, etiquetando activos como “menos líquidos” en lugar de “ilíquidos”—, pero el mercado rara vez perdona una prueba fallida en condiciones de estrés.

Y para el inversor sofisticado, el aprendizaje es operativo, no filosófico: el precio que se paga por un acceso “democratizado” a privados puede aparecer en tres lugares: fricción de estructura, subrendimiento del bloque líquido y mala convexidad en salidas, donde los que se quedan absorben el coste de liquidar posiciones difíciles.

El caso XOVR expone un descalce de ingeniería financiera: un producto con reembolso diario no puede sostener, sin penalización, una base de activos que no se puede vender con la misma frecuencia y al mismo precio.

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