Cuando la IA reordena el tablero, la cultura decide quién se queda en la mesa

Cuando la IA reordena el tablero, la cultura decide quién se queda en la mesa

Europa no se está quedando sin mujeres en tecnología; se está quedando sin mujeres en los roles que definen el futuro. El dato crítico no es solo la caída al 19% en roles core, sino el diseño organizacional que empuja el talento hacia funciones con menor poder y mayor automatización.

Ignacio SilvaIgnacio Silva8 de marzo de 20266 min
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En Europa, el talento femenino no desaparece de la economía del conocimiento. Se redistribuye. El problema es que se redistribuye hacia donde hay menos poder, menos presupuesto y, cada vez más, más riesgo de automatización.

Un reporte de McKinsey publicado a inicios de 2026, basado en el análisis de 4 millones de perfiles de LinkedIn y datos complementarios, estima que las mujeres representaron 19% de los empleos en roles tecnológicos “core” en 2025, una caída de 3 puntos porcentuales respecto del año previo. En la misma foto, la brecha se hace más dura en la jerarquía: 13% en roles de management y apenas 8% en senior management (director y C-level). La razón principal de salida no es “falta de oferta”, sino cultura laboral.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

Esta no es una discusión de sensibilidad corporativa. Es un tema de arquitectura de negocio. Cuando una compañía expulsa a parte de su talento en los puestos que construyen producto, datos e infraestructura, está tomando una decisión de portafolio aunque no lo admita: protege el presente, pero estrecha el futuro.

El dato incómodo no es la participación total, es el “core” que construye ventaja

Aquí aparece el espejismo que confunde a muchos comités ejecutivos. Por un lado, Ravio reporta que las mujeres son 40% del total de la fuerza laboral tecnológica en Europa, con cifras relativamente estables entre países (por ejemplo, 43% en España y 39% en Países Bajos). Pero ese promedio incluye funciones que, aunque críticas, no siempre controlan el rumbo tecnológico ni el presupuesto de plataforma. En paralelo, ese mismo reporte ubica a las mujeres en 21% de los roles ejecutivos en Europa, con mínimos como 17% en España y Suecia.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

El contraste con McKinsey se entiende por definición operativa: “tech workforce” amplio versus “core tech roles” (ingeniería, software, IA, data, infraestructura). Cuando el core baja al 19%, la empresa está perdiendo diversidad justo donde se decide la arquitectura del producto, la calidad del modelo de datos y la velocidad de entrega. Eso afecta competitividad, no reputación.

Además, la segmentación por roles revela un patrón de “concentración de riesgo”: McKinsey reporta que las mujeres están sobrerrepresentadas en posiciones como diseño (54%) y product management (39%), pero esas funciones son una porción menor del total y con menor conversión automática a P&L y C-level en muchas compañías. Si el pipeline hacia dirección pasa por ownership técnico y plataforma, la estadística no perdona.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

Desde mi lente de portafolio, esto es equivalente a invertir la mayor parte del capital humano femenino en “capas” del stack con menos control de la estrategia tecnológica, y luego sorprenderse cuando el liderazgo no se equilibra. No es un misterio. Es diseño.

La fuga se acelera donde la empresa trata la cultura como un costo indirecto

El reporte es explícito: la cultura laboral es el principal driver de la salida de mujeres de los roles core en Europa.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce] En términos corporativos, “cultura” suele degradarse a un conjunto de iniciativas blandas o a una encuesta anual. Ese enfoque falla porque la cultura real es un sistema operativo: quién decide, quién recibe proyectos con visibilidad, cómo se evalúa desempeño, qué trabajo se premia y qué trabajo se invisibiliza.

McKinsey aporta un indicador operativo que muchos CFOs entenderían de inmediato: las mujeres realizan en promedio 200 horas al año de “office housework”, tareas administrativas o de coordinación que sostienen la organización pero rara vez cuentan como avance de carrera.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce] Eso no es una anécdota. Es un desvío sistemático de capacidad desde actividades de creación de valor (build) hacia actividades de mantenimiento interno (run). Si una organización asigna de forma recurrente ese “trabajo pegamento” a un grupo, también está asignando de forma recurrente menos tiempo a aprendizaje técnico profundo, menos commits, menos exposición a sistemas críticos y menos narrativa de impacto.

En compañías que operan bajo presión de márgenes, la burocracia encuentra una justificación perfecta: estandarizar, comitear, agregar capas. El resultado es que el talento con más opciones se va primero. Y en tecnología, el talento con más opciones suele estar en el core.

El riesgo reputacional existe, pero el riesgo financiero es más directo: rotación en roles core eleva costos de reclutamiento y retraining, y, sobre todo, reduce velocidad de delivery en el momento exacto en que la IA obliga a reordenar el roadmap.

La IA no “crea” la brecha, pero castiga a las organizaciones que la ignoran

La dinámica más subestimada del reporte es el cambio en demanda por niveles y funciones. De 2024 a 2025, McKinsey observa caídas fuertes en roles de entrada para mujeres en product development (−17%) y software engineering (−13%). En paralelo, los roles de IA, data y analytics crecen para mujeres 7%, pero para hombres 11%.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

Esto produce un efecto tijera. La organización reduce la puerta de entrada en funciones donde se forma músculo técnico y se construye seniority, mientras acelera la demanda en áreas donde ya existe una base masculina mayor. Si a eso se suma una cultura que expulsa, la brecha se amplifica sola.

Hay una lectura de diseño de portafolio detrás: muchas empresas están usando la IA para optimizar el presente (automatizar, reducir capas, ganar eficiencia) antes de usarla para explorar el futuro (nuevos productos, nuevas arquitecturas, nuevos modelos de datos). Esa secuencia no es inherentemente incorrecta, pero tiene un costo colateral: el recorte suele caer sobre roles de entrada y roles “híbridos” que no tienen un sponsor fuerte dentro de ingeniería.

La consecuencia es que el talento femenino, que ya estaba más concentrado en ciertas funciones, enfrenta un mercado con menos rampas de acceso a los tracks de crecimiento. Sin rampas, no hay movilidad. Sin movilidad, no hay retención.

El reporte también marca un contraste estructural: en la Unión Europea, las mujeres ya son 40,5% de científicos e ingenieros (7,9 millones en 2024, desde 3,4 millones en 2008), pero esa masa crítica no se convierte en participación en el core tech corporativo.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce] El pipeline existe; la conversión falla.

Lo que el C-level suele medir mal, y lo que debería gobernar sin burocracia

Cuando una compañía dice que “no encuentra mujeres” para roles core, normalmente está describiendo su propio embudo interno. McKinsey menciona que 33% de los títulos de bachelor y 39% de los PhD en áreas tech son otorgados a mujeres, pero el sistema se rompe después: desde la elección de carrera hasta la inserción y permanencia en roles core.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

Mi experiencia es que este tipo de fuga rara vez se corrige con más políticas, y casi nunca con campañas internas. Se corrige cuando el gobierno del talento se integra al gobierno del portafolio tecnológico. Tres frentes operativos, sin romanticismo:

1) Métricas que distingan “producción” de “mantenimiento”. Si existe un stock anual de 200 horas de trabajo no reconocido, la solución no es pedir “más colaboración”. Es instrumentar: asignación rotativa, reconocimiento explícito, y límites de carga por rol. Lo que no se mide se asigna por inercia.

2) Movilidad real hacia las áreas que crecen. Si IA, data y analytics crecen más para hombres que para mujeres, el problema no es solo de oferta externa. Es de mecanismos de transición: reskilling con patrocinio, proyectos puente, y evaluación por entregables. McKinsey sugiere reskilling asistido por IA como “on-ramp” ante la contracción de roles de entrada.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce] Ese punto es clave si se ejecuta como producto interno con accountability, no como curso optativo.

3) Representación con cadencia de gestión, no como foto anual. McKinsey menciona objetivos trimestrales de representación y promoción basada en output.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce] Trimestral importa porque fuerza correcciones pequeñas y evita que el problema se maquille en el presupuesto del año siguiente.

El enemigo aquí es la burocracia de recursos humanos desconectada del negocio. El dueño natural de esta agenda es el liderazgo de tecnología y producto junto con finanzas, porque se trata de capacidad instalada futura. La organización que lo delega como “tema de cultura” termina pagando con velocidad y con innovación.

La ventaja competitiva será de quien proteja la caja del presente sin encoger el futuro

Europa está entrando a una reconfiguración del trabajo tecnológico donde la IA desplaza tareas de entrada y eleva el valor de roles con criterio técnico, datos sólidos y capacidad de industrializar modelos. En ese contexto, la caída a 19% en roles core y el cuello de botella de 8% en senior management no describen un problema de marca empleadora, sino una debilidad de diseño organizacional.[https://www.euronews.com/next/2026/03/08/why-women-are-disappearing-from-europes-tech-workforce]

La empresa que quiera competir no necesita un manifiesto. Necesita proteger el motor de ingresos actual mientras financia exploración con autonomía real, y necesita que el talento femenino participe en esa exploración desde el core, no desde funciones periféricas. La viabilidad del modelo se define por la capacidad de sostener rentabilidad hoy sin sacrificar el acceso al talento que construye el producto y la infraestructura de mañana.

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