El 68% de los CFOs acelera inversión en IA sin saber qué palanca jalar
La cifra llegó puntual, como siempre, en un comunicado de prensa desde Chicago. El 18 de marzo de 2026, Grant Thornton publicó su encuesta trimestral de CFOs y el número principal acaparó todos los titulares: el 68% de los directores financieros planea aumentar su gasto en tecnología y transformación digital durante el próximo año, el nivel más alto registrado en 21 trimestres consecutivos. La narrativa oficial celebra la valentía del C-Level ante la incertidumbre económica. Yo leo el mismo dato y veo algo diferente: una industria corriendo a toda velocidad sin tener claro hacia dónde.
No digo esto para provocar. Lo digo porque el propio David Sites, socio director nacional de la firma, lo admitió sin rodeos: "Los CFOs no siempre saben cuáles palancas necesitan jalar para hacer bien la transformación digital. De ahí viene la incertidumbre." Esa frase, enterrada en el comunicado, es la más honesta del documento entero. Y también es la más peligrosa para cualquier junta directiva que esté leyendo estos resultados como una señal de confianza.
Gastar más no es lo mismo que crear valor
El trimestre anterior, el Q4 2025, ya había mostrado que el 67% de los CFOs esperaba incrementos similares en TI, marcando un récord de 20 trimestres. Ahora ese récord se rompió de nuevo. Paralelamente, el 60% proyecta mayor gasto en ciberseguridad, un salto de 17 puntos porcentuales frente al tercer trimestre de 2025. El patrón es inequívoco: los presupuestos tecnológicos se expanden trimestre tras trimestre, impulsados por la presión de no quedarse atrás en inteligencia artificial.
El problema estructural de este patrón es que el aumento del gasto se está convirtiendo en el indicador principal de progreso, cuando debería ser el indicador secundario. Los datos de Q2 2025 muestran que el 77% de los CFOs que rastrean IA generativa reportó al menos el doble de retorno sobre su inversión, subiendo desde el 68% del trimestre previo. Eso suena extraordinario hasta que se analiza la mecánica detrás: los retornos provienen de flujos de trabajo automatizados, ciclos de cierre financiero más rápidos e infraestructura escalable. Nada de eso requiere el presupuesto más grande del sector. Requiere la decisión más quirúrgica.
Aquí está el nudo que pocas organizaciones están dispuestas a desatar: cuando el 68% de una industria hace exactamente lo mismo, el movimiento deja de ser una ventaja competitiva y se convierte en el nuevo piso mínimo de operación. Gastar más en IA porque todos gastan más en IA no construye diferenciación; construye paridad cara. Y la paridad cara es, históricamente, el primer síntoma de un mercado que está a punto de ser reconfigurado desde afuera.
La paradoja del talento que la tecnología no resuelve sola
Hay una tensión interna en los datos que merece atención sostenida. Mientras los presupuestos tecnológicos baten récords, el 55% de los CFOs reporta dificultades para atraer y retener talento. Al mismo tiempo, el 43% está considerando reducir plantilla y costos de compensación, aunque las expectativas de despidos cayeron al 32% desde el 45% del trimestre anterior. Y el 39% proyecta incrementar sus presupuestos de formación.
Esa combinación de variables cuenta una historia que ningún titular resume bien: las organizaciones están apostando a que la tecnología absorberá parte del trabajo humano, pero simultáneamente reconocen que no tienen el talento para operar esa tecnología de forma efectiva. Es una apuesta circular. Automatizas para reducir dependencia del talento, pero necesitas talento más sofisticado para que la automatización funcione. El ejecutivo de Grant Thornton identificado como Melville en los documentos de la encuesta lo formuló con precisión: "La dificultad de atraer y retener el talento correcto no va a desaparecer. De hecho, la emergencia de la IA lo hace más importante, no menos."
Lo que pocas empresas están haciendo, y que los datos sugieren como el camino más rentable, es reconfigurar qué variables de su propuesta de valor interna necesitan crecer y cuáles simplemente están heredadas de una época anterior. El 34% que proyecta aumentar contrataciones junto al 43% que contempla recortes no representa contradicción: representa una rotación de perfiles. El riesgo está en ejecutar esa rotación siguiendo la curva de valor de la industria en lugar de definir la propia.
La industria tecnológica, específicamente, ya está procesando esto de una forma más honesta que otros sectores. Andrea Schulz, líder nacional del sector tecnológico en Grant Thornton, señaló que el 58% de los CFOs tecnológicos está priorizando cultura organizacional, arriba desde el 45% del año anterior, precisamente porque el dinero ya no es suficiente argumento de retención. Eso no es un hallazgo de recursos humanos: es un reconocimiento de que la guerra por talento técnico se gana en variables que no aparecen en el balance.
Cuando el 46% de pesimismo coexiste con el récord de inversión
El dato que más me interesa de toda la serie histórica de Grant Thornton no es el 68%. Es la coexistencia documentada en Q2 2025 de un 46% de CFOs pesimistas sobre la economía con una postura de inversión agresiva en tecnología. Esa combinación define una mentalidad estratégica específica: la tecnología ya no se compra como apuesta de crecimiento, se compra como seguro de margen.
Cuando una organización gasta en IA porque espera que el entorno mejore, está especulando. Cuando gasta en IA porque necesita comprimir su estructura de costos antes de que el entorno empeore, está ejecutando. La diferencia entre ambas posturas no es filosófica, es financiera. La segunda genera retorno incluso en escenarios adversos; la primera solo lo genera si el ciclo económico acompaña.
Los datos del Q2 2025 muestran que el 42% de los CFOs ya estaba actualizando escenarios financieros de forma diaria, incorporando aranceles, fusiones y condiciones geopolíticas. Eso es precisión operativa, no optimismo. Y el 35% había adoptado modelos de precios dinámicos y segmentados como respuesta directa a la volatilidad inflacionaria. Estas no son organizaciones apostando al futuro: son organizaciones blindando el presente.
El patrón que emerge de cinco trimestres consecutivos de datos es que los líderes financieros más sofisticados no están siguiendo la tendencia de gasto tecnológico; están usando esa tendencia como cobertura para rediseñar su estructura de costos desde adentro. Eliminan fricción operativa donde la IA puede sustituir proceso manual, reducen exposición a talento de alto costo en funciones rutinarias, aumentan capacidad analítica en tiempo real y crean nuevas líneas de visibilidad sobre su propio negocio que antes no existían.
El récord de gasto no garantiza el liderazgo del próximo ciclo
La historia de los ciclos tecnológicos enseña que el liderazgo en el siguiente período rara vez lo captura quien gastó más en el anterior. Lo captura quien fue más preciso sobre qué variables de su industria estaban sobreservidas, cuáles estaban ignoradas y dónde existía demanda real sin una oferta adecuada.
Hoy, el 58% de los CFOs encuestados en Q4 2025 declara confianza en sus objetivos tecnológicos, una caída desde el 66% del trimestre previo. Esa brecha de ocho puntos porcentuales entre intención de gasto y confianza en la ejecución es donde se decide quién gana y quién simplemente iguala el promedio de la industria. Los presupuestos récord sin claridad de ejecución no producen ventaja; producen deuda técnica más cara.
El liderazgo financiero que va a definir la próxima década no será el que aprobó el presupuesto tecnológico más alto. Será el que tuvo la precisión de identificar qué procesos debía eliminar por completo, qué capacidades reducir a su mínima expresión funcional, qué variables de análisis aumentar más allá del estándar del sector y qué tipo de inteligencia crear desde cero para servir a una demanda que su competencia todavía no está mirando.











