Los atletas son datos de entrenamiento y nadie les paga por eso

Los atletas son datos de entrenamiento y nadie les paga por eso

Mientras la IA ingiere movimientos, voces y datos biométricos de los deportistas más valiosos del planeta, no existe un marco que les garantice ni un centavo. Callandor Group acaba de apostar que eso está a punto de cambiar.

Camila RojasCamila Rojas17 de marzo de 20267 min
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Los atletas son datos de entrenamiento y nadie les paga por eso

Hay una paradoja que lleva años operando en silencio dentro de la industria del entretenimiento deportivo: los activos más valiosos del negocio, los propios atletas, son también los únicos participantes del proceso que no reciben compensación cuando sus datos alimentan modelos de inteligencia artificial. Cada sprint de Kylian Mbappé, cada inflexión de voz de LeBron James, cada patrón biométrico capturado durante una final de Champions League, entra en los conjuntos de entrenamiento de sistemas de IA sin contrato, sin regalía y, en la mayoría de los casos, sin conocimiento del deportista.

El 16 de marzo de 2026, una empresa recién formada llamada Callandor Group anunció lo que describe como el primer registro dedicado a la propiedad intelectual deportiva en la era de la IA. La propuesta es directa: crear una infraestructura que mapee la titularidad de video, voz, datos de rendimiento y biometría, y que permita a atletas y organizaciones deportivas licenciar ese contenido de forma trazable, conforme a regulación y, sobre todo, remunerada. El equipo detrás del proyecto incluye ejecutivos con trayectoria en Sony, MGM, Amazon Studios y el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, además de vínculos operativos con las divisiones digitales del FC Barcelona.

La pregunta estratégica no es si la tecnología funciona. Es si el mercado está listo para adoptar una infraestructura que, por definición, encarece el acceso a datos que hoy se obtienen gratis.

El mercado que nadie había querido estructurar

Durante décadas, los derechos de transmisión fueron el eje financiero del deporte profesional. Las ligas vendían ventanas de emisión, los clubes negociaban participaciones y los atletas recibían salarios que, en parte, reflejaban ese valor de audiencia. Ese modelo funcionó mientras el contenido era lineal y el consumo, pasivo.

La IA rompió esa lógica sin pedir permiso. Los sistemas generativos necesitan datos de movimiento, patrones de voz, secuencias de rendimiento y geometría corporal para producir avatares, narraciones automatizadas, simulaciones tácticas y experiencias interactivas. Todo ese material existe en archivos de video que clubes, ligas y plataformas acumulan desde hace décadas. Y la inmensa mayoría de ese archivo se ha utilizado sin que exista un marco de licencia que lo regule.

El CEO de Callandor, Michael Fisk, lo describe sin eufemismos: los datos de estrellas como Messi o LeBron James alimentan modelos de IA con cero transparencia y sin un marco de regalías consistente. No es una acusación de mala fe; es una descripción del vacío regulatorio que existía antes de que instrumentos como el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial comenzaran a imponer obligaciones de trazabilidad sobre sistemas de alto riesgo.

Lo que Callandor está construyendo no es, en rigor, un producto para consumidores finales. Es una capa de infraestructura, lo que en lenguaje financiero se llama un mercado de referencia: un mecanismo estandarizado que permite que activos dispersos y sin precio adquieran valor de intercambio. Phil McKenzie, asesor estratégico del proyecto y cofundador de Goldfinch, plataforma que desplegó más de 300 millones de libras esterlinas en más de 300 proyectos de entretenimiento, lo compara con lo que era la financiación crediticia del cine hace quince años: un activo de base enorme, sin infraestructura para monetizarlo.

La analogía es técnicamente precisa. Antes de que existieran los mercados de derechos musicales digitales estructurados, las discográficas también utilizaban catálogos sin que los artistas recibieran compensación proporcional. Lo que cambió no fue la tecnología sino la existencia de registros auditables.

Lo que la arquitectura técnica revela sobre el modelo de negocio

El núcleo técnico de la plataforma es lo que la compañía denomina Event Horizon API: una interfaz que intermedia las consultas de IA sobre contenido deportivo, verifica la titularidad, aplica los contratos de licencia correspondientes y genera trazabilidad de uso para activar regalías. El CTO, con experiencia en la misión del róver Perseverance de la NASA, es la figura técnica que garantiza que esa capa de intermediación sea auditable.

Desde una perspectiva de modelo de negocio, la arquitectura es elegante porque no compite con nadie en la cadena de valor existente. No le quita ingresos a las ligas, no desplaza a las plataformas de streaming ni enfrenta a los clubes. Se posiciona como el mecanismo de liquidación que todos necesitan pero que nadie había construido.

El riesgo real no es técnico. Es de adopción. Para que el registro funcione como estándar de mercado, necesita masa crítica de activos registrados antes de que los compradores de datos tengan incentivo para pagar por el acceso. Y para atraer esa masa crítica, necesita que clubes y atletas perciban que registrarse genera más valor del que cuesta el proceso. La compañía está apostando por los clubes con mayor visibilidad global, específicamente las divisiones digitales del FC Barcelona, Barça Media, Barça One y Barça Digital Assets, como anclas de legitimidad que arrastren al resto.

No es una estrategia arbitraria. Los cinco grandes campeonatos de fútbol europeo concentran audiencias globales con alta alineación regulatoria: el Reglamento de IA europeo, con obligaciones de pleno cumplimiento proyectadas para 2027 en sistemas de alto riesgo, convierte la trazabilidad de datos en un requisito legal, no solo en una preferencia ética. Quien registre sus activos antes de esa fecha no estará comprando un servicio opcional; estará comprando cobertura de cumplimiento normativo.

Cuando el activo invisible se convierte en línea de ingreso

Fisk usa una frase que merece análisis: los atletas son el nuevo código; si los atletas son el software, nosotros construimos la tienda de aplicaciones. Más allá del marketing, la metáfora describe con precisión el modelo de ingresos que Callandor está intentando habilitar.

Una tienda de aplicaciones no vende el software: cobra por cada transacción que facilita. En esa lógica, Callandor no monetiza los datos deportivos directamente. Monetiza el volumen de consultas que los sistemas de IA realizan sobre esos datos. Cada vez que un modelo generativo accede a la secuencia de movimientos de un jugador registrado, el sistema activa un contrato, registra la transacción y distribuye regalías. El ingreso de Callandor es el margen de intermediación sobre ese flujo.

Ese modelo tiene una propiedad financiera atractiva: los costos fijos son los de construir y mantener el registro y la API; los ingresos variables escalan con el volumen de consultas de IA, que por definición crece a medida que la industria del entretenimiento generativo se expande. No acumulan activos físicos. No financian contenido. Transforman un problema de gobernanza de datos en una estructura de ingresos por uso.

El riesgo de ese modelo es la velocidad de estándarización. Si en los próximos 24 meses surge un consorcio de ligas o plataformas tecnológicas que construye su propio sistema de trazabilidad interno, Callandor pierde la posición de intermediario neutral que justifica su existencia. Por eso el movimiento hacia los grandes clubes europeos no es solo comercial: es una carrera para establecerse como registro de referencia antes de que el mercado decida construir alternativas propias.

El capital que aún no está en el balance

Los derechos de formación y los derechos de transmisión tardaron décadas en convertirse en activos financieros con valoración de mercado. Los derechos de entrenamiento, que es como Callandor denomina el uso de datos de atletas para alimentar modelos de IA, están en el punto de inflexión equivalente.

Lo que Callandor está construyendo no cambia quién es propietario de esos datos. Cambia si esa propiedad tiene precio, si ese precio es auditable y si existe un mecanismo para que fluya hacia quien generó el activo. El verdadero liderazgo en este mercado no consiste en quemar capital compitiendo por los mismos derechos de transmisión que todas las plataformas ya están pujando, sino en tener la audacia de eliminar la opacidad que hace que un activo multimillonario no tenga precio de mercado, y construir la infraestructura que lo establece.

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